jueves 24 de marzo de 2011

¿Cómo pueden cambiar tanto las personas?

Cómo es posible que cuanto mejor crees sentirte, de repente, llega un día y piensas que estás cayendo por un profundo precipicio. Nadie te mira. Nadie te dice nada. Nadie te ayuda. A nadie le importa. ¿Por qué? Porque te has cerrado tanto en banda en cuanto a eso de sentir, que ya nadie te cree con sentimientos. Eres un frío para ellos. Ni se plantean que puedas tener miedo. Que puedas tener rabia. Que sólo quieras despertar de la peasdilla en la que se ha convertido tu vida.

Pero, entonces, conoces a alguien. Alguien que no te conoce. Alguien que te mira diferente. Que no sabe quién eres. Aguien que lo cambia todo. Y quiere cambiarlo todo, porque sólo ve en ti a una persona normal que parece esar pasando una mala racha.



Cómo es posible que nadie lo haya notado antes. Ni tu familia. Ni tus mejores amigos. Ni nadie de todas las personas que te rodean. Ni siquiera tu mismo. Hasta que e hacen esa gran pregunta: "¿Estás bien?". Y de los labios de alguien ajeno debería de sonar condescendiente pero no crees que sea alguien ajeno. No quieres que lo sea y por eso le contestas: "Estoy como siempre". Y eso lo cambia todo. Los ojos del otro reflejan incledulidad pues no se explica que alguien a quien acaba de conocer sea tan cínico. Que lo que realmente oculta es una verdad que lleva guardando en su pecho desde el principio de los días.

Espero que no note nunca cómo soy yo en realidad. O que si lo descubre pueda vivir con eso. Espero no tener que despedirme, como siempre, sin mirar atrás pero con el certero deseo de querer hacerlo. ¿Cómo pueden cambiar tanto las cosas por una simple sonrisa?. ¿Cómo pueden cambiar tanto las esperanzas por una mirada?. ¿Cómo pueden cambiar tanto las personas por un beso?.

domingo 13 de junio de 2010

Entran 4, salen 2

Os voy a contar una historia real que ha ocurrido hace muy poco y que, aunque ahora la abordemos de forma cómica, podría haber acabado en algo parecido a una tragedia.

Una familia comuesta por cuatro personas, entre padres e hijos, entra en la zona de urgencias de un hospital de su ciudad debido a que uno de ellos tiene muchos dolores en el riñón.



Lo apartan de la familia después de hacerle un montón de preguntas sobre su historial médico para saber qué medicamentos está tomando. Y le añaden al rebaño de los "dejados", que es como voy a llamar a aquellos pobres seres humanos que han sido aislados pero que están todos juntos en una sola habitación de urgencias para hacerles todo tipo de pruebas. Esto ocurre a las ocho de la mañana.

El resto de la familia es conducido a la sala de espera donde se les comenta que a través de la megafonía se les irá informando de lo que vaya ocurriendo en la sala de los "dejados". Esta sala de espera no es otra cosa que cuatro paredes mal separadas por unos quince metros cuadrados en los que apenas si se puede respirar porque tu oxígeno se lo quiere llevar el de al lado.

Un par de consejos para los que os veaís envueltos en este tipo de situaciones: llevaos un libro para las largas esperas y no levantéis la cabeza de sus páginas pues nunca se sabe lo que te vas a encontrar enfrente. Personas con la mirada perdida en el infinito de sus pensamientos, rostros ojerosos, guiris charlando a voz en grito y vestidos de playeros como si el que etuviese entre los "dejados" no fuese de su tribu, ancianas que lo único que quieren es contarle la misma historia de por qué su marido está en observación al mayor número de gente posible como si estuviese en un concurso, etc.

Hasta aquí todo (medio) normal. El problema es que una señorita que pone voz de ser la leche de amable por megafonía anuncia la hora de las visitas (eso sí, los familiares sólo pueden ver a sus "dejados" favoritos de uno en uno) y todos los de la sala de espera comienzan una dura carrera para ver cuál es el familiar que llega antes a la otra habtación y por tanto el que más quiere a su "dejado".

Aquí empieza todo. Cuando uno de los familiares está hablando con su "dejado", se marea entre tanto enfermo y piensa: "¿Si yo entré sano tengo más o menos posibilidades que éstos de irme a mi casa enfermo?". El caso es que tras recuperarse, le da un fuerte dolor de cabeza y decide que, ya que está en urgencias en un hospital, qué mejor que ese sitio para pedir una aspirina. Pero no es oro todo lo que reluce y probablemente la misma afable locutora de antes se cruza en su camino y le explica con muy poca retórica que ellos no pueden medicar a nadie.

Vale, se entiende. El hecho es que si no entras con camilla o echando parte de la masa encefálica no te consideran un "dejado" y no te pueden dar medicamentos.

Para concluir esto, diré que la familia estuvo en urgencias más de 24 horas. Le dieron el alta pasadas las doce del día siguiente. Que si le llega a pasar a Jack Bauer en la famosa serie se pega un tiro en la cabeza del aburrimiento y a lo mejor ni con esas le habrían dado la aspirina. Que los familiares que esperaban noticias acabaron de leer sus libros. Que al "dejado" le dieron el alta pero aún en su casa no sabe con certeza lo que le ocurría y por qué le tuvieron que repetir las mismas pruebas tres veces.

Pero todos hemos aprendido algo: Ninguno queremos volver a pasar por esa situación y si, por desgracia, lo tenemos que hacer será de otra manera. Nos llevaremos nuestros medicamentos de casa, nuestra tienda de campaña, nuestras sillas y mesas, nuestros colchones... En fin, nos quedaremos en casa y así a lo mejor se pasa todo pero con un poco más de dignidad.

viernes 21 de mayo de 2010

Ayer

Ayer volví a un lugar que creí olvidado. Ayer dejé atrás el presente y el futuro. Ayer leí las cartas que me escribiste en el pasado.

Es curiosa la forma en la que vuelven los recuerdos. A veces, vienen casi de la misma manera en la que fueron creados y otras son como imágenes distorsionadas de otros momentos.



Ayer lo recordé todo. Ayer lo viví de nuevo. Y, para mi sorpresa, fue algo bonito. Fue como si lo echara de menos, aunque en realidad no es así. Pero la memoria juega malas pasadas. Se cree con derecho a intentar volvernos locos.

Ayer, por fin, logré olvidarte un poco más, recordándote.

jueves 25 de junio de 2009

¡Qué curiosa es la vida!

Hay que ver lo curiosa que es la vida. Hace unos días buscaba trabajo como una loca y mientras me pasaba todo el tiempo en mi casa sin hacer otra cosa que mirar las musarañas.

Ahora todo ha cambiado. Me han llamado de dos empresas totalmente diferentes para que me incorpore a trabajar lo antes posible. ¿Será porque se acerca el verano y la gente se va de vacaciones y necesitan personal para sustituirlas....? No. Es porque han visto en mí un gran potencial, por supuesto. ¿Qué os creíais?

Lo gracioso es que esto es como cuando uno no tiene pareja y la busca y la busca pero no la encuentra. Cuando sales de fiesta es como si tuvieras un cartel en la frente que dice: "NECESITO COMPAÑÍA, YA". Y cuando por fin la tienes, te salen muchos más pretendientes de los que hubieras imaginado jamás. Justo cuando ya no los necesitas. Para que luego digan que las chicas sólo sabemos decir que no. El problema es que los chicos sólo preguntan a las féminas con relaciones y no al resto.



Sinceramente, espero que la cosa cambie. Que tengamos las cosas cuando realmente las necesitemos. Como el otro día, que iba una amiga mía por la calle y me dijo: "Este fin de semana tengo una boda y necesito un bolso a juego con el vestido". Bueno, pues parece que todos los establecimientos escucharon su reclamo y decidieron que ese día no se vendía ningún bolso de color marrón. Es necesario buscar una prenda de vestir con unas características determinadas para que no la encuentres nunca. O salir de compras con dinero para que te guste todo lo que ves en los escaparates. Sin embargo, sales un día a pasear tranquilamente por la calle sin ninguna intención de comprar nada o sin dinero y te gusta todo. Incluso es posible que encuentres un bolso marrón de fiesta.



Moraleja: Sal y diviértete. Con dinero pero sin pretensiones. Vivirás más años.

martes 7 de octubre de 2008

La soledad

¿Cuánto tiempo somos capaces de pasar solos antes de pedir ayuda? ¿Cuántas veces, por orgullo, nos hemos quedado en casa sin tener nada que hacer? ¿Cuánto tiempo somos capaces de aguantar mirando a las musarañas?

En mi caso, la respuesta a las tres preguntas es MUCHO. Y no me refiero a un fin de semana en el que te quedas tranquilo en casa porque no te apetece salir. No. Me estoy refiriendo a largas tardes de monotonía sin televisor al que acusar de aburrimiento.



Para matar el tiempo podemos salir a pasear. Solos. Podemos ir a tomar algo al bar de abajo. Solos, claro. O incluso podemos pasar por el supermercado de nuestra calle para simplemente mirar los productos que hay en las estanterías. Claro está, esta función también la realizaremos solos. Pero mi favorita entre todas las demás es sentarme en un banco de un parque y observar a la gente que va pasando a mi lado. Los analizo y critico mentalmente y para cuando me quiero dar cuenta he derrochado un montón de preciosos minutos de mi acortada vida.

Aunque la soledad no es tan mala. De hecho muchas veces la vamos buscando porque necesitamos un momento para nosotros mismos. El problema es que ese momento se alague demasiado como en mi caso. O que, en uno de esos momentos, a todos tus amigos se les ocurra al mismo tiempo que ya es hora de que salgas a la calle. Con lo cual, tras un incensante ir y venir de llamadas al móvil y harta de inventar excusas, decides hacerles caso. Pero después de haber pasado mucho tiempo sola, encerrada y sin tele te das cuenta de que no tienes conversación que compartir con el resto de tu manada. Así que se funden en interminables diálogos en los que no puedes meter baza porque realmente no sabes de qué están hablando.

Mi consejo: si os apetece quedaros en casa, hacedlo, pero antes comprad un televisor que en Mediamark están baratillos y así cuando decidáis salir con los vuestros quedaréis bien si os preguntan algún tipo de chorrada.

lunes 29 de septiembre de 2008

Llega el frío

Bueno chicos, ya se nota que va llegando el invierno. Ya hace cada día más fresquito y ya te lo piensas dos veces antes de salir a la calle.

El problema es que con el invierno y el frío llegan los quebraderos de cabeza de todos los años. Si estudias es un fastidio porque comienza el nuevo curso y casi siempre con asignaturas colgando del anterior. Y si trabajas tienes que volver a ver el careto de tu jefe que ha llegado morenito de Cancun, mientras tu trabajabas todo el verano.

Luego, en invierno, se te quitan las ganas de salir. Si quedas por la noche con tus amigos, el hecho de hacer botelleo en la calle es un problema. El cubata acaba pareciéndose más a un granizado de alcohol. Lo bueno es que si al de siempe se le olvida comprar hielo, no hay problema porque la temperatura ambiente algunas veces tampoco está tan mal.



Lo mejor es quedarte en casa, calentito y refugiado. Pero esto no significa que debamos renunciar a nuestros amigos, ni mucho menos. Siempre nos los podremos llevar a casa para trasladar de esta forma el botelleo y que no se nos hielen las partes nobles cada vez que tengamos la necesidad de ir al baño, que con esto de beber es bien sabido que es muy necesario.

A menudo, en invierno, los que tienen pareja salen menos con sus amigos. No os extrañéis ante este comportamiento ya que dos dan más calor que uno. Aunque esos dos podrían unirse a la fiesta y serían más dando calor. O mejor, se compra una estufa y todos contentos.

El caso es que el invierno, si no te gusta el frío, siempre acobarda, pero eso no es motivo para dejar de lado ni tus obligaciones ni mucho menos las cosas que nos hacen disfrutar. Así que espero que este invierno sea genial para todos y que no nos apalanquemos mucho en casa que eso no es bueno.

viernes 22 de agosto de 2008

¡Qué injusta es la vida!

¡Qué injusta es la vida! Eso es lo que pensamos todos los que tenemos que trabajar en verano. Aunque lo peor no se da en el hecho de tener que ir a currar todos los días. El problema llega cuando te llama el típico amigo y, para hacer la gracia, te pregunta: "¿qué tal el veranito?". A t´e te pone cara de imbécil y te dan ganas de ir a la playa a pegarle un tortazo a ese encanto de ser humano.

Además, tenemos que añadir el hecho de que la gente que trabaja durante las vacaciones o es porque son necesarios en la empresa para la que trabajan o es porque han sido contratados como becarios, como es mi caso. Si sucede este último te encuentras entre un tipo de personas que por el hecho de trabajar por un corto período de tiempo (que suele durar los meses de verano) con el blanco perfecto para todo tipo de humillaciones: cobramos poco, si es que cobramos, no tenemos derecho a días de vacaciones aunque nos estemos muriendo, al no conocer a nuestros compañeros de trabajo no nos sentimos a gusto en la empresa y ellos tampoco con nosotros. Debemos tener claro que se nos asignarán los peores trabajos, tendremos el peor horario y si algo sale mal nos echarán la culpa.




Desde aquí propongo que se cree un sindicato para los becarios, para que no tengamos que sufrir todas esas injustcias. Además, sin nosotros, ¿qué harían las empresas en verano? ¿Contratarían a otras personas que hicieran menos trabajo y cobraran más? Pues no, se irían a pique o por lo menos eso espero.